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La necesidad de saber de dónde venimos y cuál es nuestra historia, con continuidad y manteniendo referencias, es inherente a las personas. Necesitamos comprender la realidad que vivimos. El desarrollo de esta historia depende de cómo unimos acontecimientos en una secuencia y les damos un significado. Solemos contar con una historia dominante y lo que no encaja se desecha y/o se oculta. La historia dominante afecta al presente y al futuro, funcionando como una guía que, cuando se pierde, hace mella en el desarrollo emocional.

Las historias se forman en un contexto afectivo, cultural y social que contribuye a las interpretaciones y al significado que les damos.

En el caso de las personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad social, que han vivido separaciones y rupturas, o que han tenido vivencias negativas o traumáticas en su historia personal, puede que en esta construcción, se encuentren espacios en blanco y “agujeros” o “lagunas” que requieren ser completados. Las personas necesitamos poder afrontar y abordar los hechos y recuerdos reales, conocer los motivos y poder dar una explicación resiliente a lo que nos ha sucedido. Confrontarse conlleva dolor, temores y decepciones, pero ayuda a reconciliarse con la propia historia y con nosotras mismas.

El trabajo sobre historia de vida facilita el trabajo en torno a la construcción de la identidad y la historia personal.

Así, esta formación va encaminada a intervenir con las personas adultas, para un abordaje reparador de su historia de vida, atendiendo a sus necesidades y a las dificultades vividas a través de material y metodología específica, que ayude a amortiguar el daño y a resignificar la propia historia de manera que les permita proyectarse en positivo hacia el futuro.

Por ello aquí se pretende proporcionar a los equipos profesionales que trabajan con estas personas, herramientas específicas que las ayuden en este proceso.


El acogimiento familiar y la adopción son dos de las medidas de protección a la infancia fundamentales y nucleares del sistema de protección.

En el caso del acogimiento familiar, por resultar la alternativa protectora en casos de separación en la que podemos preservar el derecho de niños y niñas a beneficiarse de un entorno familiar seguro y afectivamente estable durante el proceso de recuperación de su familia de origen, o en tanto en cuanto se resuelve la medida de protección más idónea y estable para él o ella. En el caso de la adopción, ésta es la última de las medidas protectoras, la que supone una salida del sistema del niño o niña, resultando la más estable y la que implica una situación de mayor cambio para la persona menor de edad, determinando legalmente nuevos lazos de filiación y extinguiendo los primeros.

En los últimos años el impulso y desarrollo de éstas medidas, desde la óptica de las características y necesidades que los niños y niñas presentan, han supuesto el desarrollo de programas desde un nuevo modelo de intervención, en el que la necesidad de reparación del daño supone el eje principal. Por ello, estas familias deben presentar unas habilidades y actitudes que les permitan hacer frente a nuevos retos, además de los tradicionales de crianza y educación, derivados de las características de los niños y niñas, de su historia personal y de las experiencias pasadas.

En este curso ofrecemos un acercamiento técnico a este nuevo modelo de intervención con niños, niñas y adolescentes y con las familias solicitantes de adopción o acogimiento, que van más allá de la mera valoración de las familias, y que articulan el desarrollo de los programas actuales de acogimiento y adopción en torno a ejes fundamentales, como son: las campañas de captación de familias, la información y formación previas, la valoración de las familias sobre el ajuste de un ofrecimiento concreto, el seguimiento como intervención técnica especializada y los servicios de apoyo postadopción.



La violencia de género es una cuestión a la que se le viene dando una mayor atención, en particular en las sociedades occidentales. A pesar de esto, los niños y niñas siguen siendo las víctimas muchas veces olvidadas en medio de esta compleja problemática. Esenciales, que no inviables, resultan para Fundación Meniños los niños y niñas en contextos de violencia de género con los que cada día trabajamos.
La dificultad para llegar a estos niños y niñas surge muchas veces porque la violencia de género es entendida por los padres y madres – y hasta por algún personal técnico– como un problema que afecta sólo a la pareja. Sin embargo, aunque muchos niños y niñas intenten minimizar la importancia de la violencia a la que están expuestos, por ejemplo, evitando hablar sobre el asunto, es importante ayudarles a dar un sentido a esos acontecimientos y a reencuadrar todos los sentimientos que de ahí parten.
Las últimas modificaciones legislativas han colocado el foco de la atención en los niños y las niñas en contextos de violencia de género, constatando lo que algunas entidades como Fundación Meniños veníamos detectando desde hace tiempo, la necesidad imperiosa de dotar a los y las profesionales de la intervención social de conocimientos y herramientas que faciliten el trabajo con esta realidad hasta ahora invisibilizada. 



El periodo prenatal y perinatal ha demostrado ser de gran relevancia en el desarrollo no sólo físico, sino psicológico y emocional del ser humano. 
Comprender las necesidades y características específicas de esta etapa, tanto de la madre como el bebé y la familia, nos ayudará como profesionales a acompañar de manera más eficaz y comprensiva en la búsqueda del bienestar integral. Poder intervenir en esta etapa, ha demostrado actuar como factor de prevención y protección en relación no sólo a la salud física, sino también con relación a desarrollo de trastornos mentales, problemas de aprendizaje, maltrato en todas sus variantes y violencia en adolescencia y edad adulta. 
Por todo ello, este curso quiere ofrecer los contenidos que permitan aplicar la perspectiva perinatal al ámbito de la intervención psicosocial, ofreciendo información y herramientas para acompañar de manera específica a poblaciones con diferentes necesidades y casuísticas.


Con el presente curso se quiere dar a conocer el recurso del Punto de Encuentro Familiar (PEF), sin caer en una dinámica teórica general que el alumnado puede obtener a través de otras vías. Se tratará de realizar una aproximación teórica que contemple desde la definición del servicio hasta la dinámica de intervención que en él se realiza, focalizándonos en la realización de actividades individuales por parte de las personas participantes, las cuales les permitirán participar del trabajo que se realiza en los Puntos de Encuentro Familiar. Cuando se piensa en una definición de Punto de Encuentro Familiar se contempla el mismo como un punto físico compartido, dentro de un espacio abierto y amplio utilizado para que las familias se encuentren y compartan, y siempre pensando en familias donde el núcleo familiar se mantiene intacto, que conviven y realizan sus rutinas de manera conjunta. Pero realmente, es un lugar donde se encuentran familias en proceso de ruptura, y sí es amplio, pero no abierto; pues en él se llevan a cabo observaciones por parte de un Equipo de profesionales especializados. Tampoco es de entrada libre y las familias acuden a él por orden de un tercero, por lo que es de obligado cumplimiento visitarlo.

Su objetivo principal es proteger las necesidades de los niños y niñas de esas familias, garantizándoles el derecho a mantener una relación positiva con ambas personas progenitoras aun encontrándose la familia en crisis, siendo ahora ellos el único nexo de unión de la misma. 
Todo se inicia con un sistema de visitas para el padre o la madre que no obtiene la custodia después de una ruptura familiar y así se conforma esta red protectora y de soporte que acompaña a la familia en la transición a una nueva dinámica familiar, pues no solo facilita la realización de un régimen de visitas, sino que asesora y orienta a la familia en el proceso.
La familia que ahora acude al PEF se encuentra en un momento de dificultad. Las personas adultas de la misma ven que, todo lo que un día forjaron y soñaron se ha visto modificado y en esta nueva etapa deben modificar sus rutinas y dinámicas a fin de proteger a sus hijos e hijas, al tiempo que posibilitan su contacto con la persona que en su día fue de su mismo Equipo y ahora es un adversario.